jueves, 7 de julio de 2016



La muerte   
                                                                                              




Al morir, nuestra alma se separará de nuestro cuerpo. Se presentará ante Dios para recibir, de acuerdo con lo que nosotros mismos hayamos elegido en la vida, la recompensa o el castigo eterno. 

Después de la muerte, hay un juicio, y unos van al cielo y otros van al infierno. Sin más: no existe una “segunda oportunidad” 

Cuando yo muera entregaré las cuentas de la administración de mi vida a Dios Jesucristo, Supremo Juez, por cada mal pensamiento, cada mala palabra, cada mala acción, por cada segundo de tiempo desperdiciado.



Los cristianos encontramos en el Evangelio algunos versículos que nos hablan acerca del destino del alma. Específicamente, en la parábola del pobre Lázaro (Lucas 16, 22) y en las palabras que Cristo dirige al buen ladrón, crucificado junto a Él (Lucas 23, 43). 

La existencia de la vida después de la muerte es una pregunta universalmente hecha por la humanidad. Job habló por todos nosotros cuando preguntó, “El hombre nacido de mujer, corto de días y hastiado de sinsabores, sale como una flor y es cortado, y huye como la sombra y no permanece...si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?” (Job 14:1-2, 14).

Jesús es Dios Jesucristo y lo que dice Jesús lo dice DIOS.

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